La globalización y la digitalización de la información es hoy un fenómeno de alcance mundial y lo ideológico y lo político no escapa a esta realidad sino que se adaptan a ella y evolucionan.
La internet es la plataforma de la información de este tiempo; más de 3 mil millones de personas con acceso a internet a nivel mundial, y más del 80% de la población que tiene acceso a internet esta en alguna red social, yendo a la cabeza Facebook, seguida de YouTube, Google y Twitter.
Facebook cuenta con unos 975, 943,960 usuarios a nivel mundial encabeza la lista. Ahora bien, ¿Cuál es su relación con la ideología?
Partiendo del entendido de que la comunicación es poder y de que este poder se crea en los espacios y procesos de construcción y manejo de la información, las redes de información y comunicación de hoy día debemos entenderlas como una plataforma generadora de poder del capital y por consecuencia al servicio del capitalismo como ideología política.
Las redes sociales son empresas que se manejan bajo de lógica capitalista, lógica en la cual lo primero es la ganancia y acumulación, pero esta dialéctica responde a su vez a una visión y línea política del imperio, a un régimen, a una concepción del mundo, en torno a esta visión las redes sociales procuran crear una única interpretación de la realidad global basada en el concepto de lo ¨relevante¨.
El principal motor de búsqueda en internet Google basa la organización de la información sobre el concepto de relevante, ¿qué es entonces lo relevante según los dueños de esta empresa cuyo capital crece cada día? ¿A qué visión del mundo responde este concepto? ¿A quiénes beneficia políticamente el método de jerarquización, clasificación y segmentación de las informaciones que maneja esta empresa de alcance global?
Google funge hoy como un espacio de control social en tanto permite que los usuarios compartan contenidos, ideas y perfiles, pero ellos manejan toda esa información que los usuarios comparten de manera gratuita, teniendo la empresa la potestad de su uso con fines comerciales, de vigilancia y políticos sin previa autorización de quienes generan dichos contenidos.
Tanto Google como Facebook son herramientas útiles hoy día para la interconectividad, la recreación y hasta para el trabajo intelectual y político de los individuos, lo que no debemos olvidar es a quienes sirven estas plataformas, su lógica de funcionamiento y quiénes están en la red.
Según las mismas estadísticas cerca del 82% de los usuarios de redes sociales son personas de 14 a 55 años de edad, o sea, personas política y económicamente activas, pero la media es de jóvenes los cuales están constantemente expuestos a la manipulación ideológica, la alienación cultural del consumo y a una visión de la realidad del mundo basada en el neoliberalismo.
Ya sea para generar adhesión, resignación o para generalizar perfiles y discursos políticos las redes son hoy por hoy las herramientas más usadas por el capital como correa de transmisión y armas de bombardeo ideológico sistematizado y controlado por estas grandes compañía, la lucha de clase y la lucha ideológica debemos librarla hoy también en el campo digital y de red.
Por tales motivos es bueno recordar que la justeza de nuestra ideología no se puede defender con retórica, sino con hechos contundentes.
En lo que respecta a las redes sociales “se trata de anular al adversario, convencerlo, no vencerlo, y sin dejar costuras. Porque todo argumento que nos refuten, nos desarma. Y, en lo adelante, sería difícil hacernos creíbles.”
Los que nos dedicamos a la lucha asimétrica sabemos que los interlocutores enroscados “a la izquierda” nunca faltan a la cita en Internet. Mienten, buscan conflicto, ofenden y vomitan el resentimiento sobre el que está dispuesto a seguirles el juego. Los que estamos entrenados, sabemos qué hacer. Pero, ¿Sabrán qué hacer los “usuarios normales”?
El combatiente asimétrico sabe que no puede acreditarse el monopolio de la razón. Ni insistir en que vive en “una sociedad perfecta, sin insuficiencias, porque además de faltar a la verdad, se descalifica, incluso, ante los amigos.”
Pero, ¿Sabrán los “usuarios no entrenados”, fundamentalmente los jóvenes, emplear los argumentos balanceados para que el atacante no pueda convencerlo al otro lado?
El periodista cubano Juan Morales Agüero recomienda para esta lucha: “Admitir nuestros vacíos nos enaltece como contrapartes y deja sin ironías al rival. «Tiene razón», «coincido con usted», «estoy de acuerdo», «pienso parecido»… Y nunca «usted está equivocado», sino «tengo un criterio diferente». Un trato respetuoso sin ser sumiso, tolerante sin ser permisivo… Eso no exime, desde luego, que con nuestro discurso defendamos con granítica firmeza nuestra ideología, que es la razón de ser de la batalla en la que estamos enfrascados.
Tomar la lucha en las redes sociales como un cliché rutinoso de cada día, es es un camino al fracaso y a la pérdida de credibilidad. Dijo Julio García Luis que “la defensa de nuestra manera de pensar en las redes sociales no tiene por qué ser gris y aburrida. Eso espanta seguidores potenciales. Lo ideal es asumirla desde nuestra formación periodística, igual en forma que en contenido. Con los ingredientes que la profesión trae instalados por defecto, como la amenidad, la actualización, la agilidad, la síntesis, el color, el equilibrio, la corrección… Eso gana respeto.”
Es pronto para decir que las redes sociales son “dañinas”. Sobran ejemplos de buen uso, de “combates” exitosos y de personas con suficiente pólvora política para contender sobre bases de respeto. Reconocer que el camino es difícil, lleno de riesgos y con lunares oscuros, es lícito. Pero tenemos el potencial para emplearlas en beneficio de nuestro proyecto social, al estilo fidelista de, “Combatir al enemigo con sus propias armas”.
Quedan lagunas: los cuadros administrativos y políticos, por lo menos a este nivel saben poco o nada de este mundo digital, no existen criterios sólidos para orientar y controlar lo que no se conoce, etc. Pero la buena noticia es que tales presupuestos se pueden cambiar, si queremos.
Dijo también, Juan Morales Agüero que “buena parte de la lucha ideológica actual –con escaramuzas incluidas- se desarrolla en las redes sociales. Jamás se ha escrito tanto como ahora. Jamás hubo mejor ocasión de interactuar con tanta gente. Todo lo que decimos puede tener trascendencia si, amén de informar y argumentar, intentamos, además, emocionar, conmover, convencer, convocar… El discurso ideológico es también un ejercicio de seducción, cuyo acierto o fracaso desafían nuestro currículo. Pero el éxito en esta batalla depende de nosotros. Está en nuestras manos conseguirlo.”
Y agregó esta anécdota:
Recientemente leí en un foro que un hombre fue despedido de su empleo en un banco norteamericano porque su gerente descubrió que había dado click en un Me gusta de una página simpatizante con la Revolución Cubana. ¡Increíble! Con esa intolerancia de pensamiento también nos atacan. Recordé entonces una frase del gran Mahatma Gandhi, el líder espiritual hindú: «Con el puño cerrado no se puede intercambiar un apretón de manos»
De eso se trata el asunto de las redes sociales, y nuestra capacidad e inteligencia han de emplearse en sacar el máximo provecho de las mismas, pero, primero que todo, es necesario saber más para enseñar, tener la perspectiva para predecir, y no olvidar que un arma, en las manos de un joven puede ser una herramienta de viva, o muerte; solo depende lo que hayamos enseñado a esa persona.


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