En 1929, Brunet y Ramírez presentó una moción a la Asociación de Prensa de Cuba, con la que pretendía- y así logró- realizar una colecta pública nacional para obtener los fondos necesarios que pagasen la construcción de un monumento a la memoria de los mambises invasores.
El conjunto sería un símbolo ante los ojos de Cuba y del mundo que imprimiría a Mantua el realce y el colofón del patriotismo, como altar venerado de la nación.
Para construir el Monumento, Brunet recaudó nueve mil ochocientos pesos. Ese mismo año la Asociación de Prensa de Cuba, lanzó un concurso al que se presentaron ocho maquetas, de escultores y arquitectos cubanos.
Un jurado compuesto por personalidades de entonces como el doctor Salvador Salazar y Roig, catedrático de la Universidad de La Habana y el comandante del Ejército Libertador, Alberto Antonio Salazar, optó por la propuesta del escultor Juan J. Sicre y el Arquitecto José M. Bens y Arieto.
El precio fijado por la obra rondaba los diez mil pesos, pero el artista cobró solamente la cifra recolectada.
La totalidad de los materiales llegaron por mar, hasta el puerto de Los Arroyos. Al fundir los cimientos de la columna que sostiene al Soldado, se colocaron dentro del hormigón botellas lacradas con monedas y periódicos de entonces.
En 1932, en acto celebrado en Mantua, se colocó la primera piedra, eligiéndose el centro de la vía pública, donde debía confluir la carretera Guane- Mantua con el inicio de la calle real, actual José Martí. Las obras comenzaron unos meses después.
El parque aledaño se construyó tiempo después, con el dinero de los contribuyentes mantuanos, quienes, en sesión del Ayuntamiento, del 30 de Mayo de 1933 acordaron destinar 350 pesos para el mismo.
El 19 de septiembre de 1933, a las cuatro de la tarde, el monumento al Soldado Invasor, entró en la historia de Cuba, y con él, Mantua, el joyel de occidente; sin embargo, no fue su inauguración oficial hasta el cuatro de agosto de 1935, bajo el mandato del doctor, Ramón Granda, alcalde mantuano.
Décadas después, el señor Antonio Capín, secretario del entonces Patronato Local, reveló la existencia de alabancias para convencer al doctor Brunett de construir el monumento en un parque en … La Habana. El hecho de estar en Mantua, no deja lugar a otros comentarios.


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